Después del "Yo Soy"
Es indispensable que mantengamos una actitud positiva, plena, sonriente y siempre mirando al frente y programando el futuro. Pero esto de nada sirve, si nuestras palabras hacen lo que se les da su gana. Les explico:
"En el pasado, les he publicado textos sobre] la Ley de la Atracción y en este texto les hablé de cómo poder manejar este tema de un modo más simple. Sin embargo noto que a muchos de ustedes les cuesta trabajo comprender toda esta información. Por eso empezaremos a hablar poco a poco desde el principio.
La prosperidad es uno de los
temas que más preocupan a las personas hoy en día, desafortunadamente, las
personas siguen pensando que trabajar más les dará más dinero y que un trabajo “estable”
les va a permitir esa estabilidad que tanto sueñan. Desafortunadamente todo eso
son quimeras, son sueños revueltos entre lo que nos han enseñado nuestros
padres y lo que hemos aprendido desde pequeños en la sociedad. Lo cierto es que
no existe una garantía en realidad. Este texto reflexiona sobre el contacto humano, el desarrollo emocional y la necesidad del abrazo en distintas etapas de la vida. Aborda el tema desde una mirada consciente, respetuosa y no sensacionalista.
Existen muchas maneras en que los seres humanos nos comunicamos. Para ello empleamos nuestros sentidos: con la boca hablamos, con el olfato olemos, con el oído escuchamos y, de manera profunda y muchas veces olvidada, con el tacto nos vinculamos.
Reflexiones sobre equilibrio, decisiones y responsabilidad personal
Hace poco una persona me preguntaba cómo le hacía yo para mantener el equilibrio.
He aquí la respuesta.
Antes de empezar, tengo que delimitar lo que es un problema. Desde mi perspectiva, existen tres clases de problemas:
1. Problemas irreversibles
Son situaciones fuera de nuestro alcance. Circunstancias que no dependen de nosotros para solucionarlas: la muerte de alguien que amamos, accidentes o hechos que no pueden deshacerse. En estos casos, no queda más que aceptar y aprender a vivir con ello.
Un día miraba un árbol y me pregunté si podría ser feliz. Caminando por la calle observaba los rostros de las personas, buscaba una señal, una mueca de tranquilidad que reflejara felicidad. Pero encontraba preocupación, pensamientos absortos, sonrisas ligeras y fugaces, discusiones, prisa. No veía esa serenidad profunda que asociamos con estar bien.
Decidí entonces buscarla en mí. Me miré al espejo y tampoco la encontré.
Comencé a forzar mi risa. Obligaba a las comisuras de mis labios a subir, intentando provocar aquello que no sentía. El gesto era tan torpe y exagerado que terminé riendo de mí misma. En ese instante, algo se rompió. La risa fluyó, atravesó el cuerpo y, por un momento, la tristeza perdió su dominio.